- La individuación es un proceso, y no un blanco: la búsqueda del Sí-Mismo, el puente entre ego y Self, y la necesidad de cada individuo de volverse cada vez más auténtico.
- El individualismo es un repliegue que aísla; la individuación es un sentimiento de misión y de significado, aquello que Jung llamó OPUS, el oficio sagrado.
- Cuanto mayor es la distancia entre el trabajador y aquello que realmente es, mayor es la alienación y más neurosis se instala, y lo mismo vale dentro de las organizaciones.
- Como la individuación lidia con el caos, la turbulencia y los opuestos, las organizaciones capaces de sostener la tensión del desorden aparente desarrollan más capacidad de adaptarse, evolucionar y construir sabiduría.
La individuación es un proceso, como su nombre ya afirma, y no necesariamente un blanco que alcanzar. Se relaciona con la búsqueda del Sí-Mismo, con el puente entre ego y Self, con la integración psicológica, con la búsqueda de la completitud del ser y con la necesidad de cada individuo de volverse cada vez más auténtico, buscando lo mejor de sí y la esencia de su ser.
Antes de delinear el tema, hay una distinción importante que hacer: la diferencia entre individualismo e individuación. El individualismo es un repliegue que aísla. La individuación es un sentimiento de misión, algo con significado. En el trabajo, tal como Jung lo ve, eso es el OPUS: el oficio sagrado, la obra alquímica, la tesis del alma. Cuando se activa, el universo conspira. Cuando no, un trabajador puede quedar alienado de la organización, así como el individuo en la sociedad puede hacer y ser lo que ella acepta, recomienda y reconoce, pero permanecer distante de quien realmente es. Cuanto mayor sea esa distancia, mayor será la alienación y más neurosis. Así también será en las organizaciones.
¿Por qué la vocación se describe como una ley de la que no se escapa?
Cumplir el propio destino y la propia vocación es tarea de todo individuo. Como observa Jaffé: “La vocación actúa como una ley de Dios de la cual no hay escapatoria.” En algún momento, la vida exigirá la verdadera individuación. Hay que estar dispuesto a abandonar las pretensiones de la persona en favor del Self. Como afirma el propio Jung: “No soy yo quien me creo a mí mismo, sino que yo me sucedo a mí.” Es decir, el Self existe a priori: es el ordenador de la vida. Llamado o no llamado, afirmado o negado, estará presente.
La posibilidad de una experiencia de significado está en el reconocimiento de esa característica. Cualquiera que predique verdades identificando su ego con los contenidos del inconsciente ha inflado el ego a costa del verdadero llegar a ser. Durante el proceso de individuación, el ego necesita estar fortalecido, pues el proceso exige una confrontación implacablemente honesta con los contenidos del inconsciente, a fin de sofocar cualquier impulso de entusiasmo sin sustento.
¿Por qué el caos es necesario para la individuación?
El proceso de individuación lidia con el caos, la turbulencia y los opuestos. Genera paradojas y la sensación de que la barca de cada individuo es frágil y vulnerable. Por eso, el coraje, el fortalecimiento de la fe, la calma, la confianza en el flujo de los acontecimientos y una espiritualidad viva se vuelven grandes compañeros en esa jornada.
Como afirma Margaret Wheatley: “[...] la vida busca organizarse, pero usa el desorden para llegar allí. Organización es un proceso, no una estructura.” Esa percepción se aplica directamente a los ambientes de trabajo. Las organizaciones capaces de sostener la tensión del desorden aparente, confiando en que algo más coherente está emergiendo, desarrollan más capacidad de adaptarse, evolucionar y construir sabiduría a lo largo del tiempo.
La dimensión organizacional
Es preciso crear un sentido de propósito, adaptarse, evolucionar y desarrollar sabiduría. La vida no cesa de afirmar la necesidad de ser recreada y de hacer conexiones con el otro: un movimiento simultáneo que alimenta e intensifica, para quienes están atentos y dispuestos, un sentimiento de fraternidad genuina.
La individuación puede contribuir además al reconocimiento de que nuestra consciencia no es tan superior como parece, de que depende de factores psíquicos internos y de condiciones sociales externas, y de que necesita conservar un estado de responsabilidad y libertad. Las organizaciones que crean condiciones para ese tipo de desarrollo en sus personas descubren que construyeron algo que ningún competidor replica con facilidad: una cultura de profundidad genuina.
La respuesta corta
La individuación en el trabajo es el proceso continuo de volverse auténtico, en lugar de representar la persona que la organización premia, y se distingue del individualismo porque carga un sentimiento de misión, y no de aislamiento. Donde falta, la distancia entre el trabajador y aquello que realmente es crece y se vuelve alienación y neurosis; donde está activada, el trabajo adquiere el carácter del OPUS jungiano. Las organizaciones que toleran el desorden que ese proceso exige, confiando en que algo más coherente está emergiendo, construyen una cultura de profundidad genuina que los competidores no replican con facilidad.